Thursday, July 28, 2005

El Chongo Morales vs. el Clarinete; Noches de Pluma y Lentejuelas... (Pt.5)


Martha era una malograda cantante de gospel que había recorrido todos los estados de la Unión, participando en la formación de bandas y en los primeros discos de Stax, Motown y Phil Spector. Se había logrado hacer un nombre dentro de la emergente escena de la música negra de principios de los años 60’s, pero su adicción al alcohol y a ciertas drogas duras, la había hecho llegar a Nueva York en busca de oportunidades que día a día –y por su irresponsabilidad- se iban menguando. De haber recorrido el glamour de las agrupaciones de negros lideradas por Gaye y Berry, Martha terminó cantando en clubes de cuarta y guaridas de marinos en las cuales, aparte de cantar y comprar drogas al precio de su cuerpo, la interprete vivía sumergida en la más completa indolencia, desaseo y autocomplacencia, en el piso inundado de baratas y durmiendo -al igual que el Chongo en sus primeros tiempos- en un viejo camastro sucio y oxidado.
Fue quizas ese el aspecto más atrajo la atención de Francisco, tanto así que, dos semanas más tarde, al volver a Chile, Martha ya se encontraba bajo el inventario y el hechizo del grandioso clarinetista.
Nadie esperaba que a su regreso a Santiago, el Chongo llegara al borde de pisar el palito. Siempre, por su aspecto repulsivo, fue visto como un ser asexuado, incapaz de llegar formalizar algo -noches ardientes, besos, sexo o matrimonio- con ningún ser en dos patas que se parara en este planeta. Si bien era simpático, canchero y bueno para la talla, el cariño se lo había ganado a punta de su chispa, y de su talento con el instrumento.
Y de esta manera, a su llegada a la capital, el Chongo se se casó con todas las de la ley, con una afrogringa, descomunal, avejentada y libidinosa, que no hablaba ninguna palabra de español y que le traería, con el correr de los años, momentos de gloria y también de tragedia, me zclada con fármacos, peleas y frustraciones varias.

Monday, July 25, 2005

El Chongo Morales vs. el Clarinete; Noches de Pluma y Lentejuelas... (Pt.4)

Por espacio de dos años, Tedesco regresó a los escenarios del Bim Bam Bum, mientras Morales se encontraba en Estados Unidos, integrado a la orquesta de la Columbia CBS. Desde ese lugar tuvo la oportunidad de conocer de cerca el mundo de los espectáculos de Broadway, las grandes orquestas de Kenton y Ellington, la irrupción de Elvis, Little Richard y Chuck Berry, junto con todos los sonidos de vanguardia de jazz, de la mano de Miles y Coltrane.
Sin embargo nada de aquello pareció importar más que el notable suceso ocurrido a días de su vuelta a Santiago. En esa oportunidad, Morales se encontraba en la barra del Kansas, en el Village, pensando en quien sabe que cosas, cuando súbitamente una esplendorosa mujer de edad madura, tomó asiento justo al costado del Chongo. Pidió una cerveza mientras que Morales, tal vez envalentonado con el tercer whisky, inició el diálogo, en su inglés atarzanado, propio del puerto de San Antonio.
-Lindo lugar para copas eh? –aseguró Francisco.
-Yes, mister, aquí si que se pueden conocer especimenes de todos los rincones del mundo, agregó Martha.
-Asi es –continuó el músico- Yo vengo de un lugar que, por lo visto, no aparece en los mapas…
-Y se nota –interrumpió Martha riéndose destempladamente –Nadie que aparezca en un mapa puede hablar un inglés tan malo como el tuyo.
Y así siguió la conversación, entre alcoholes varios y toqueteos sugerentes, que terminaron en el piso que Martha rentaba en las cercanías de Chelsea.

El Chongo Morales vs. el Clarinete; Noches de Pluma y Lentejuelas... (Pt.3)

Los compromisos adquiridos con el Teatro Ópera, fueron convirtiendo al Chongo Morales en una de las celebridades más importantes de la sociedad santiaguina de los años 50s. Su cercanía y amistad con Mr. Day poco a poco le fueron abriendo puertas en todos los escenarios de América Latina, al mismo tiempo que el músico exploraba otras facetas de la música, tanto para sus propios shows, como para los números de las vedettes –chilenas, argentinas y europeas- que confluían en el Bim Bam Bum como una babel de diversión, humor y belleza muy al estilo europeo.
Para nadie era un misterio todas las acrobacias que Morales había tenido que realizar para poner en pie a su agrupación musical. Y estas maromas parecían no acabar, sobre todo cuando los músicos salían de viaje. En un principio, tres desvencijados autobuses cargados con los instrumentos de la orquesta, mas el ropaje, los interpretes, las coristas y las vedettes, recorrían las principales ciudades de Chile con su cargamento de belleza, risa y diversión.
Así la orquesta del Chongo, fue la banda sonora de todas las presentaciones de Xenia Monti, Las Ubilla, y los números de humor. Hasta en los rincones más apartados del país, la troupee de 35 músicos correctamente vestidos de pantalones negros, faja de raso brillante, camisa y vestón blanco, coronados magistralmente con una pequeña humita de lino, realizaron las más glamorosas presentaciones realizadas alguna vez bajo la carpa que se instalaba en las afueras de las ciudades y los villorrios de los cuatro puntos cardinales de Chile.
Sin embargo la gloria llegó para Francisco el día que éste cumplió 25 años. En aquella ocasión, Mr Day –sentado en un rincón del mítico restaurant El Bosco, donde estaban reunidos con algunas bailarinas y los integrantes de toda la orquesta- le anunció los cambios que tendría el cabaret en los próximos meses.
-Estamos reunidos en este almuerzo, para celebrar el cumpleaños de nuestro querido amigo, gran músico e innegable director de orquesta del Bim Bam Bum, el Chongo Panchito Morales- anunció Mister Day. Y para comunicarles que a partir del próximo mes, nuestro amigo partirá a Nueva York para tocar en la orquesta de radio de Columbia CBS. Es por eso –continuó Day alzando de copa- que queremos felicitarlo y desearle la mejor de las suertes, concluyó el empresario, a tiempo de que la concurrencia de la mesa destemplaba en aplausos y hurras para su fiel y chispeante director.
El Chongo, cabizbajo, impresionado y sumergido en su cogote de almeja, dio las gracias a Mr. Day y una extraña palidez comenzó a dominar su apabullado rostro. Parecía ser que todos sus sueños de un momento a otro estaban cobrando vida y una infinita alegría lo hizo pararse y salir saltando de júbilo a la Alameda de las Delicias, que en ese momento era bautizada por una tenue llovizna de otoño.

Tuesday, July 19, 2005

El Chongo Morales vs. el Clarinete; Noches de Pluma y Lentejuelas... (Pt.2)

Durante los meses finales de 1952, Francisco se fue habituando al agotador ritmo de trabajo de la marcha blanca del cabaret. Extenuantes ensayos repasando el repertorio, dejaban al clarinetista hecho un estropajo al final de cada jornada. Ellington, Miller, Dámaso Perez Prado y otras orquestas de mambo y jazz, sonaban entre las solemnes paredes del Teatro, inundando, durante la mayor parte de la tarde, a los autos y transeuntes que se desplazaban por dicha arteria. Fueron semanas de trabajo ante el férreo puño de Tedesco, quien anhelaba tener un obsesivo control ante los más mínimos requerimientos de la orquesta.
Paralelamente y contiguo al podium de los músicos, coristas y primeras figuras ensayaban sus coreografías y elegian trajes que días más tarde, deslumbrarían los parroquianos que llegarían de todos los rincones de la ciudad.
Las jornadas finales de ensayo, vieron salir con emoción los primeros números armados, que finalmente fueron presentados al público el 23 de enero de 1953, fecha en que el Teatro Ópera abre sus puertas, para inaugurar oficialmente el Bim Bam Bum.
Aquella memorable jornada, Francisco vistió sus mejores galas. Engominado y de punta en blanco, dió la fanfarria inicial queinauguró oficialmente el cabaret. A partir de ese momento, la vida del músico se introdujo de lleno en la bohemia, el glamour y los excesos del espectáculo.
Las recogidas a su nueva habitación (ubicada en los altillos del Teatro Opera) a las cinco de la madrugada, el saltar de la cama a las 3 de la tarde, las borracheras y los ensayos de los shows, fueron el día a día que transformó al clarinetista en una criatura más de la noche.
Junto a esto y transcurrido algún tiempo, Francisco fue espectador en primera fila de los grandes shows de la nueva década que se avecinaba. Xenia Monty, el clan de las dulces hermanitas Ubilla, más los humoristas de turno, pasaron ante los ojos del provinciano músico, quien, con cierta gracia y simpatía supo conquistar al respetable y convertirse en un virtuoso del clarinete y uno de los músicos más populares dentro de la compañía estable del vodeville santiaguino.
Tanta era la chispa irradiada dentro de sus actuaciones, que a fines de 1955, "El chongo Morales" -como lo llamaban a Francisco sus compañeros de banda, tuvo la autorización de Mr. Day para formar su propia orquesta, con músicos provincianos que finalmente destronaron a todas las demás agrupaciones musicales del cabaret, imponiendo un estilo que marcó época, tanto en el Bim Bam Bum, como en los glamorosos salones de baile del Gran Buenos Aires.
El esquema musical del Chongo era simple pero contundente; mucho Broadway, jazz adobado con be- bop y melodías cubanas, más uno que otro aprendiz de crooner que imitaba a los grandes cantantes estadounidenses de la época de posguerra. Dicho estilo, que muy pronto salío a la palestra a través de diarios y revistas especializadas, se constituyó en el referente obligado de todas las orquestas de cabaret y le dió al músico la oportunidad de convertirse en una celebridad en todas las ciudades del cono sur de América.

Monday, July 18, 2005

El Chongo Morales vs. el Clarinete; Noches de Pluma y Lentejuelas... (Pt.1)

Correctamente vestido de punta en blanco, el muchacho tomó su clarinete, lo apoyó en sus labios y atento a las instrucciones del director de aquella desvencijada orquesta, esperó los cuatro tiempos reglamentarios y desde el fondo del escenario comenzó a sonar una descolorida versión de "One O' Clock Jump". El espectáculo era siempre el mismo; la orquesta, dos o tres vedettes aficionadas y de plato de fondo, cualquier película norteamericana de antes de la guerra. En eso gastaba sus días Francisco, un novel músico salido de los prostibulos de la provincia, en los que se ganaba el pan para alimentar a su madre y a sus dos hermanos pequeños.
El chico ya llevaba siete meses en la capital y alojado en uno de los tantos conventillos del barrio de la Chimba, podia mantener estrechamente a su familia, ubicada en la costa cercana a Santiago.
No era mala la pega de Francisco en el "Africa", pero el gran problema del Santiago en ese tiempo, era la ausencia de lugares en los cuales se pudiera escuchar música de calidad, apreciar belleza femenina o números de humor. Por esta razón es que, entre su clarinete, sus viejos discos de 45, y el sucio y viejo camastro de su conventillo, el muchacho pasaba sus días soñando en neones brillantes, y con la manera de llegar lejos en el mundo del vodeville.
Siguiendo este ritmo, pasaron semanas. Meses. Y también tres años. Pero segundo a segundo, y día tras día al mirarse frente al espejo, después de calzarse la humita blanca y el traje de correcta etiqueta planchado por doña María la noche anterior, Francisco se soñaba en la Quinta Avenida, formando parte de la orquesta de Dorsey, con los fraseos de Basie o con los nuevos y revolucionarios sonidos del recien parido be-bop, estilo que amenazaba la supremacía de las orquestas de jazz propias de los años 40's.
Hasta que un día, dateado por uno de sus compañeros de banda, llegó a las puertas del Teatro Ópera. Se decía que lo que se estaba incubando en aquel lugar iba a cambiar para siempre la faz de la noche santiaguina. De esta forma y después una larga y angustiosa espera, tuvo un esperado encuentro con Mr. Day, el cerebro y promotor del lugar.
-¿Sos músico?, inquirió el empresario.
-Así es Mr. Day, llevo cuatro años tocando en el África, respondió el muchacho, quien en ese momento, tiritaba de sólo pensar en las preguntas que le hacía el dueño del lugar.
-¿Conoces música cubana?
-Si, harto - se apresuró a contestar el muchacho- La he practicado desde mi infancia en la...
-Pero si aun eres tu un mocoso, interrumpió Day ¿Que edad tienes?
-Veinte años señor...
-Bueno -dijo Mr. Day... Quedás a prueba un par de meses. Decile al director de orquesta que te de un puesto un par de días a la semana...
-Muchísimas gracias mister...
Dirigida por Tedesco, un argentino malas pulgas recien llegado al país, dicha banda acostumbraba a mezclar jazz en su repertorio, con lo mejor de la música de Broadway y varias melodías cubanas que -una vez inaugurado el local- harían la delicia de los caballeros, turcos de autos descomunales, y viejos verdes que, noche tras noche coparían el teatro, en busca de belleza fememina y una que otra copa, para pasar -en aquel Broadway santiaguino- las remolonas tardes provincianas de la capital de Chile.
Francisco no pudo sentirse mejor. Ya tenía asegurado -con algo de suerte- un puesto relativamente estable dentro de una de las orquestas del que sería el mejor cabaret de Santiago. Y si bien no era un gran interprete, el tesón del novel clarinetista había dado que hablar entre los músicos de los prostibulos de San Antonio y Cartagena.
Pequeño, enjuto y algo malformado, Francisco había demostrado que el caracter que imprimía a las notas de su instrumento, hacía que su pequeña figura fuera adquiriendo presencia en momentos en que los sonidos del clarinete, apuntalados por los neones del escenario, inundaban plumas, encajes y caderas, a los movimientos de las coristas y primeras figuras de los números de baile.

Wednesday, July 13, 2005

Ramiro y el mar de copas (Final)

Inmediatamente Ramiro supo que el fin había llegado. Pero sin dejar de amarrar los aperos del caballo, prosiguió raudamente su faena. Sus pensamientos y conjeturas lo impulsaban a saltar la cerca y perderse en el bosque, pero a cada momento que pasaba, la idea de que los peones de su padre saldrían corriendo a buscarlo por los cuatro vientos comenzó a alojarse en su cabeza.
Sin embargo, ninguna de sus disquisiciones filosóficas de último minuto lo apartó de los últimos preparativos de su huida, y apenas los caballos estuvieron a punto para partir, salió a todo galope dispuesto a perderse entre los árboles.
Al sentir el estruendo de los caballos, toda la servidumbre de la hacienda tuvo la oportunidad de ver a su señorito -causante de la desgracia de su patrona- escapando hacia el monte. E inmediatamente comenzaron los preparativos para su búsqueda. Una cuadrilla de jornaleros salió velozmente a la montaña, mientras que el padre del señorito se hacía de su ropa de trabajo, sombrero y revolver al cinto y partía al galope hacia los campos.
Hora tras hora, los jinetes recorrieron infructosamente toda la comarca sin obtener ningún resultado que pudiera dar con el paradero del señorito.
Pero Ramiro estaba ahí. Y mucho más cerca de lo que ellos imaginaban. Escondido al alero de una cascada a menos de cincuenta metros del límite de la propiedad, el chico se aferraba a las rocas mientras sentía el roce de las cabalgaduras.
Hasta que llegó, casi al atardecer, el momento del descuido. Mientras recolectaba leña para la choca de la tarde, el joven fue descubierto por uno de los perros de caza soltados por su padre para darle búsqueda.
Inmediatamente aparecieron en el lugar -casi como un funesto presagio- los trabajadores y el patrón, dispuestos a pasar la cuenta por los hechos de la noche anterior.
El padre de la criatura, golpeado por la insolencia, la ira y la gravedad de los actos de su hijo, partió su interrogatorio dando a éste un soplamocos que lo tendió exánime en el suelo por algunos segundos.
Agarrando la Colt que tenía en el cinto, el papá del señorito comenzó a inquirirlo sobre los detalles de la horrible jornada anterior.
-¿Qué pasó Ramiro?
- Nada papá -replicó el muchacho- Anoche se nos pasaron las manos con las copas y eso fue todo... nada grav...
Y empuñando rudamente el revolver, el padre le interrumpió -¡NO ME VENGAI CON HUEVADAS MIERDA! ¿Me has visto la cara acaso, imbécil? ¿Crees que no me enteré que la juerga terminó anoche en el retén de los pacos, luego que los niñitos, en la plaza del pueblo y arropados de vestido, taco alto y corsé comenzaron a besarse y agarrarse el paquete ante todo el mundo? ¡MARICONES DE LA PERRA!
-Perdón papá, musitó el muchacho.
El rostro del futre chico tornó de pálido a rojo y frágiles lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos, mientras tanto el padre -rodeado de sus fieles inquilinos- sacaba el seguro del revolver y sin mediar ninguna explicación le descerrajaba dos tiros en el rostro, mandando así a su regalón de una buena vez por todas al rincón de los callados.

Monday, July 11, 2005

Ramiro y el mar de copas (Pt.4)

Apresuradamente el niño Ramiro pretendió huir de la casa familiar. Dos pingos ensillados, unas alforjas con frutas y otros productos de la zona, más un par de mudas de ropa, le entregaban al señorito de la casa la oportunidad de aplacar la ira de su progenitor, del cual estaba seguro que le daría caza, para aplacar la afrenta caida en la familia durante la última jornada.
Sin lugar a dudas, los pormenores de los sucesos de la noche anterior habían causado conmoción en la pequeña comunidad de Villa Alegre. La conducta de los chicos fue el comentario obligado a la salida de la misa, a la que estaba sometido diariamente "el sexo devoto" del villorio. Y precisamente las féminas del pueblo fueron las encargadas de repartir el rumor por los cuatro vientos de la comarca.
Todos -sirvientes y patrones, familia e inquilinos- vieron llegar a la madre de la criatura con una cara semejante a un muerto viviente. Por lo visto, los rumores que escuchó en la plaza del pueblo, dejaron a la reina madre de la familia en estado catatónico. Miradas inquisidoras la acompañaron durante todo su recorrido por la plaza del pueblo hasta que, frente al escaparate del almacén de Don Pedro ésta cayó sin sentido, desmayada por la impresión de los rumores que como un azote se ensañaron sobre ella.
Mientras el señorito Ramiro terminaba de ensillar sus caballos, vio llegar el Studebaker descapotable de su padre a toda velocidad, con su madre media muerta en el asiento del volante. Aliro el inquilino de confianza, sólo atinaba a remojar con un pañuelo la frente de su patrona, mientras el automóvil cruzaba de regreso el vasto antejardín de la casa a toda velocidad.

Friday, July 08, 2005

Ramiro y el mar de copas (Pt.3)

El sonido pastoso de la victrola con la voz de Gardel parecía perderse a ratos en los pasillos del ancestro caserón. El ruido de la aguja al contacto con el acetato de los discos de 78, retumbaba en la cabeza de Ramiro, -metido hasta el cuello en la tina rococó importada de Europa- quien no dejaba de pensar en el horrible espectáculo que había dado con sus amigos, en la plaza del pueblo, al final de la última jornada. Como buen futre que era, sabía que en las próximas horas, el escarnio llegaría hasta su puerta, y que todos los privilegios de hijo menor le serían arrebatados, producto de las desviadas locuras, que día a día se manifestaban en su vida.
Había llegado de la capital hacía no más de diez días y en tan corto periódo de tiempo él, y otros muchachos del pueblo habian sacudido la típica modorra provinciana de la localidad, a punta de escandalos, peleas y borracheras interminables.
Pero la última juerga, los había hecho tocar fondo. Y Ramiro estaba consciente que la salida más viable a esa situación, era agarrar un par de caballos corraleros y salir galopando al monte, donde se escondería por un par de días, esperando que durante ese tiempo, su padre aplacara su ira de alguna manera.
Mientras sumergía la cabeza en el agua Ramiro se sintió aliviado de que las pruebas del bochornoso suceso protagonizado por el y sus amigotes, se encontrarían a buen recaudo, arrastradas por la corriente del estero que atravesaba la localidad por uno de sus costados.
Un poco más tranquilo, pero igual de mareado que la noche anterior, el señorito pudo pensar con un poco más de serenidad y mientras quitaba el tapón para botar la inmundicia acumulada en aquellas aguas estancadas, comenzó a conjeturar los pormenores de su huida a las veranadas, para llevar a cabo su errático plan.

Thursday, July 07, 2005

Ramiro y el mar de copas (Pt.2)

Los rayos solares penetraron en la habitación de Ramiro con una insolencia impresionante. Aún durmiendo entre ropas babeadas, restos de alcohol y un olor nauseabundo, el joven estudiante de leyes hizo un leve amago de despertarse, frente a unos ojos que se alzaban en búsqueda de una explicación convincente al calamitoso estado en el cual había llegado algunas horas antes.
Cegado por el sol, y aun inconsciente por el alcohol que circulaba con impunidad por su cuerpo, el borracho se incorporó y los recuerdos de la noche anterior se agolparon en su mente con un ticket hacia el olvido. Repasándo los hechos, el señorito de la casa cerro sus ojos y solo un imperceptible y pausado "conchetumadre" salió de sus agrietados labios.
Acto seguido el niño Ramiro enfrento a su padre, cuya expresión de desazón y decepción se convertía en un rayo hipnótico que reflejaba la rabia y preocupación de ver al crío chico, al conchito, transformado en un tarambana.
-¿Me vas a dar una explicación de lo ocurrido anoche? - inquirió el padre.
-Lo siento papá, no volvera a suceder.
- ¿Como puedes tomar tanto Ramiro?
E intempestivamente, y sin mediar palabra un chorro de vómito cruzó la habitación de lado a lado. Las impecables polainas del padre de la criaturita quedaron empuercadas de un olor y un líquido pestilente. Y nuevamente resonaron, en el antiguo caserón, los gritos del patriarca y los empellones contra su hijo, esta vez en dirección a una ducha bien helada.

Wednesday, July 06, 2005

Ramiro y el mar de copas (Pt.1)

Está bien- explicó el mayordomo- Me doy por enterado de sus correrías. Y dejó el impermeable, el bastón y el sombrero del recién llegado colgados en la paraguera. Con pasos tambaleantes, Ramiro, el señorito de la casa, se dirigió a su cuarto, renqueando y maldiciendo dentro de su intoxicación, a las paredes que se atravesaban por su camino.
Sin lugar a dudas esa noche se le había pasado la mano con las copas. Y como buen ebrio que se precie de tal, el silencio fue opacado por 10 minutos de un mantra casi incomprensible del tipo: "última veeeeeeez, no tomo máaaaaaaaaas, última veeeeeeeeez, no tomo máaaaaaaaaaaaaas, última veeeeeeeeeeeez, no tomo máaaaaaaaaas". Sin embargo ni las oraciones pidiendo la intercesión de Baco, ni las letanías y juramentos proferidos en contra del alcohol, evitaron que cinco minutos más tarde, "el niño Ramiro", terminara afirmado al "volante de loza", expulsando de su interior los destilados demonios de 50 grados que lo atormentaban desde su cabeza hasta el estómago.
Pero lo peor estaba por venir. Apoyado en uno de los bordes de la puerta, el padre del susodicho escabechín, lo esperaba con un rostro desfigurado por el horrible espectáculo brindando por su hijo.
Este al darse cuenta, en vano intentó entregar una explicación, pero su progenitor, agarrándolo de la cabeza, se la introdujo nuevamente en el wc obligándolo a convivir durante cinco segundos con los subproductos de la borrachera. Posterior a eso y a punta de empellones, lo mandó a su pieza, profiriendo maldiciones para su bienamado retoño.

Tuesday, July 05, 2005

Dias de White Soul y desgano...


Me llegaron las maquetas de unos temas de un tal Jaime Santa Ana... están wenos... Suenan algo vomitivos... así como Sui Generis, pero si los produzco, los dejaría como Phil Spector. Hay un surco que se llama “Algo de mi Ayer” que es casi como cantado por los Bunkers. Pero haciéndole unos arreglos con su wena sección de vientos, algo así como Van Morrison, quedaría muy bueno. Sutil, no muy estridente. Stax no es la cuestión tampoco.

Ha sido algo destacado en estos días. Inner block... harto. De hecho me cuesta leer y escribir. Menos crear personajes. Imposible. El cielo está oscuro y la tensión en mis huesos se hace sentir. Ni los Soft Boys son capaces de sacarme de esta modorra tensional generalizada.

Eso sería...

Friday, July 01, 2005

Las Preguntas Weonas de todos los meses...


1)Cuanto espacio ocupa la música en mi pc??el de casa... 4.5 GB

2)Ultimo disco que compré?? una buena compilación de esa gran banda vocal de los 50's llamada The Hi-Lo's

3)Canción que estoy escuchando ahora?? This Life is Killing Me - Velvet Crush

4)Cinco canciones que escucho mucho o que tienen significado para mi?

London Calling - The Clash
The Queen is Dead - Smiths
Sweet Virginia - Rolling Stones
Holocaust - Big Star
I Just Wasnt Made for These Times - Brian Wilson

Monday, June 20, 2005

Plastas varias que no importan y 1950

Una vez más me refiero al leer a los demas, tan re lindos, tan modernos, tan cool y tan nice, como una MANGA DE IMBECILES PODRIDOS MUERANSE Y LA RECONCHA DE SU MADRE!!!!!!!!!! Y yo feliz, pensando en mis aeroplanos metalicos con sus nuevos motores a reacción, pensando en velocidad, en alturas soñadas, interiores de baquelita, azafatas de pin-up y pistas de aterrizaje en medio de la selva subnormal y paranormal escondida al final del continente americano.
Pienso en Stan Kenton, en Radio Tanda, en Raul Matas, en los vuelos de Lan que hasta hoy permanecen sepultados en la Cordillera de los Andes.
Pienso en Percy Faith, en sus violines y en los aviones tomando altura tal como lo hacía la cortina musical de las noticias de Radio Minería, cuando emulaba a los Comets de la BOAC elevarse y cruzar las montañas para enfilar rumbo al verdadero Primer Mundo. No al de ahora, lleno de pavorosos forados que líderes subnormales tratan de llenar a punta de puro capitalismo.
Pienso en Fellini, en los Citroen Ds, en las cronicas macarrónicas de Eugenio Lira Massi y todos sus compañeros de equipo. Pienso en los comunistas tristes (como un caballo) sus misiles apuntando a Occidente, sus mesas servidas para comerse a las guaguas y el fuego atómico que nos vigilaba a cada momento de nuestras vidas.
Me acuerdo de las mujeres que escribian por escribir sin pensar en algo más que en su escritura. Pienso en las cajitas de agua y en los regalos de Navidad en Gath y Chavez o en los Gobelinos. Son muchas cosas, y me maravillan.
Sin embargo estoy aqui. Viendo las putas repeticiones del realismo de Visconti, las "acciones de arte" que -aparte del trabajo del taxidermista Becerro- no tienen nada de arte, los siempre grandiosos carnavales cinematográficos de Fellini y los experimientos escatológicos finales de Passolini. Más toda la basura de Hollywood. Y de los literatos tambien. Por eso y otras cosas más... MUERANSE Y LA RECONCHA DE SU MADRE!!!!!!!!!!!!!
ps: Y el Martini cuando?
Cuando el DC -6 de PanAm haya despegado rumbo a Nueva York.

Thursday, June 16, 2005

Oda a los pelotudos de siempre

Y me rio en su cara
pajarracos de los mercaderes
Alta alcurnia
subnormales de la escritura
de los elegidos de la pútrida patria.
Reyezuelos de bosques de estiercol
Almas en pena
de ombligos destemplados
Primeras personas
de relatos dignos de gallinas putrefactas
A todos ustedes testifico;
Que no me iré,
aunque sus caras de asco
sorbeteos de café y tirria sin sentido
carcoman mis huesos.
Aunque el huevo de sus causas aparentes
me aplane el cerebro y
sus escritos me
llenen de ignonimia por los siglos de los siglos.
¿Amén?
Porque del lugar
de donde vienen ustedes,
infierno de intelectuales al pedo
solo concibe caníbales
dispuestos a sacarse los pellejos
en cualquier y pútrido momento
y en cualquier lugar
y en cualquier casa.
Y ahí los tienen
disfrutando de sus neones
De sus laureles con
los cuales se limpian el ano
Y de sus anos, que le dan trabajo sus laureles
De sus pequeños y preciosos momentos
en los que sus ojos caen
sus lentes de marco exótico se derriten
y sus tertulias se congelan,
presenciando el pusilánime hundimiento
de esos egos inflados e insurrectos
que día a día
pretenden enturbiar mi mañana.

Friday, June 10, 2005

Lauryn Hill o Mrs. Intentional

En los ultimos días -y en este momento también- he estado EMBOBADO escuchando a esa gran cantante llamada Lauryn Hill. Para aquellas mentes mínimas, perversas, y un tanto ahuevonadas que aparecen de tanto en tanto en alguna arista tangencial de nuestra lenta y rutinaria existencia, que aseguran que el Hip-Hop vale verga, solo les puedo decir, que al ver cantar a Hill sin tornamesas, sin scratches (asi debería pronunciarse), sin el sampleo de canciones horrorosas de los 70's y sin la manga de pelotudos que la acompañaban en ese gran pero horrible grupo llamado The Fugees, sólo se puede afirmar que sus composiciones estan a la altura de una Nina Simone, de una Martha Reeves, o de una Aretha Frankin. A través de sus temas y acompañada sólo por su pequeña guitarra acústica, Hill logra agarrar lo más profundo de quienes la escuchan y hacerlo refregar por el suelo hasta lograr derramar lágrimas. Y no exagero. De los mismos lugares en los que cantantes como Ella Fitzgerald lograban estremecer al público a punta de su repertorio, Hill lleva a sus oyentes a rincones desconocidos, de los cuales, en cualquier momento, puede aparecer - a través de sus letras y su profunda combinación y admiración por el Gospel y el Rythm & Blues de los 60s- al espiritu grandioso y omnipresente de Marvin Gaye, el desaparecido músico de Motown y gran inspirador de la obra de Hill, quién a la luz de todo lo expuesto anteriormente, se ha transformado en una de las más grandes cantantes de los últimos tiempos.

Monday, May 30, 2005

Disco 70 o Recuerdos Infantiles Decadentes

Imbuyéndome en cierto espiritu de la música disco -que una buena parte de ella era una real basura- busco que hacer, que poner en el papel, en que entretenerme. Y recuerdo trozos de vida de mi niñez, del viento azotando las ventanas, el sol implacable que en la soledad del desierto te hacía recordar las monumentales y nimias obligaciones que tu, como un parvulo o estudiante de la escuela básica con nombre de buque de la Us Navy, tenías que recordar para no caer en desgracia ante la autoridad materna y en menor medida, la docente, representada por la señorita Margarita.

La banda sonora de las pistas de baile de fines de los 70's me ayudan a hilar recuerdos, visiones, texturas y gustos. El polvo pegado a la piel, la transpiración despues de correr y revolcarse en el piso jugando en los vertederos proximos a la entrada de Chuquicamata. Las compras en la pulpería, los solitarios pimientos de la plaza del pueblo, los amigos subnormales del colegio y sus ordinarios padres. Todo confluye a la mente como agolpandose por un rincón privilegiado dentro de mis inútiles neuronas. Recuerdo por ejemplo a la Librería Chilex, un rincon en sepia poblado de juguetes de mala calidad, útiles escolares y el tono de un español, que llegó a sepultarse a dicha zona 35 años antes de su muerte. El inclemente sol dando paso a la oscuridad de la zona, era algo tenebroso y fascinante a la vez.

Sin embargo el hilo conductor de todos esos recuerdos pasa por un sentimiento de indiferencia que aun me domina. Me gusta y me aterra pensar que durante esos tiempos uno vivía completamente feliz, sin pensar que más alla de los ensambles de violines, las mañanas en la escuelita de adobe, los LP de Barry White y o las siestas en los sillones de cuero de la clínica donde trabajaba mi madre, habia gente que se la llevaba el viento, que morían, nacían y se procreaban en el exilio, que desaparecían devorados por el mar o por la misma arena que se nos pegaba al cuerpo al estar encaramados en los montones de fierro, siempre presentes en los basurales donde solíamos desarrollar nuestros juegos.

Friday, May 27, 2005

Libros y basura

Estoy leyendo un fabuloso libro de Germán Marín llamado Las Cien Aguilas... Impresionante como escribe ese hombre. Un pelotudo que anteriormente escribía en The Clinic -y que gracias a Dios que lo sacaron- cierta vez comentó que él gustosamente se agarraría a combos con Marín, emulando a Hemmingway que haría lo mismo con no se quien. Personalmente no me considero un weon experto en literatura, -es más, creo que nadie llegará ningún día a leer las estupideces que escribo - pero la verdad es que el gusto me nace más marcado por el ejericicio profesional de periodista -que no es ninguna maravilla dicho sea de paso- lo cual me faculta para hablar desde "la insolencia propia de los ignorantes", como diría el desaparecido reportero Eugenio Lira Massi.
¿A que viene todo esto? -se preguntarán ustedes- Y la respuesta es muy simple...

Sucede que la fauna literaria -a mi modesta opinión y como todas las cosas- está compuesta por especímenes de diverso pelaje... De tipos genios como Marín, la pluma medianamente asertiva de Gumucio, uno que otro trabajo de Jorge Edwards, o la ironía de Hernán Millas, y la maravillosa prosa de Teresa Calderón, hasta el resto de los pretendidos literatos chilenos, que creo que su valor está completamente sobreestimado. Aparte de su trabajo, un par de obras apenas publicables, es detestable verlos como se miran el ombligo todos los días, se erigen como los salvadores del mundo y piensan que con su alicaida prosa, revolucionarán el mundo cultural de no se que ciudad, país o planeta.

De las mujeres, mejor ni hablar, la nueva narración chilena femenina, es en su gran mayoría algo completamente vomitivo. Hay trabajos, que sin ni siquiera leerlos, intentan mostrar el lado Juanita de Arco de sus autoras; transgresión y denuncia al peo, más el correspondiente panfleto del feminismo y el drama de la mujer inferior y la wea. Como se echa de menos una Marta Brunet, o una María Luisa Bombal, que sin hacer ningún aspaviento, fueron capaces de hacer literatura de calidad que marcó a muchas generaciones de lectores que -como se sabe- sentían mucho más gusto por la literatura que lo que ocurre en la actualidad.

Se echa de menos la presencia de narradores de peso que realmente sean un aporte más allá de explotar y vanagloriar hasta el cansancio su ego y entreguen herramientas para revalidar, el mundo comun y corriente que pulula por nuestras ciudades.

Monday, May 23, 2005

Saló o los 120 días de Sodoma

Acabo de despegarme de la TV... un tanto angustiado. Hoy tuve la oportunidad de ver la última película que filmó antes de morir el director italiano Pier Paolo Passolini, titulada Saló o los 120 días de Sodoma. Cinematográficamente muy buena... la dirección excelente -como todas las películas de Passolini- el trabajo de actores impecable... Todo bien... el problema es que la historia es demasiado chocante... Hubo escenas que derechamente no las pude ver, especialmente la del banquete coprofágico, y las de las torturas finales de las victimas.
Saló o los 120 días de Sodoma es la historia de un grupo de ciudadanos respetables de la Italia de fines de la Segunda Guerra Mundial, que se establecen en una hacienda, en la cual secuestran hombres y mujeres jóvenes, para someterlos a toda clase de aberraciones.
Sin embargo, la película es buena. A través de la narración visual, Passolini -basado en un texto de Sade- establece la relación entre el sexo como la realización del hombre y la degradacíón humana como la más pura escencia de la verdad. Habilmente, el director italiano relaciona estos tópicos con la maquinaria montada por el fascismo para anular al hombre en sus dimensiones afectivas, religiosas, políticas y filosóficas. A través de 3 tópicos (manías, sangre y mierda), en los cuales se desarrollan los acontecimientos , Passolini deja de manifiesto como las antiguas generaciones van corrompiendo a las que surgen para nivelar a sus componentes, dentro de la misma mediocridad en la que se desenvuelven sus predecesores.
Sin lugar a dudas, Passolini establece visualmente el papel del fascismo en todo orden, con lo cual el espectador puede reconocer prácticas y lugares comunes presentes en todos los regímenes en los cuales está presente dicha doctrina.

Monday, May 16, 2005

Un par de relatos de pelos !!!!!!! (mios, obviamente)

La Tinta y las Venas

Me desperté sobresaltado. Gotas de transpiración manaban de todo mi cuerpo, mientras mi lecho poco a poco se había convertido en un lodazal, una mezcla infame de sudor, semen y lágrimas negras que, durante horas interminables, no paraban de manar desde mi cuerpo.

Haciendo recuerdos y separando lentamente lo concreto de lo confuso, la situación era la siguiente: me encontraba en un cuarto blanco de proporciones descomunales. Desde el lugar donde me encontraba no podía vislumbrar las dimensiones de dicho espacio, ni separar el alto y el ancho de las paredes. Mi indumentaria era la de un típico caballero inglés de comienzos del siglo XX: levita, frac blanco, humita blanca, sombrero hongo; prendedores y colleras de oro. Parecía que en mi cara, en cualquier momento se iniciaría la Primera Guerra Mundial. Sin embargo hasta ese momento, nada parecía preocuparme. Como un niño y echado de guata en el suelo, solo me ocupaba de escribir con un gran lápiz de tinta roja, pliegos gigantescos de papel de un olor fragante; las mejores páginas de prosa, las cuales iban destinadas a cartas que algún día –según pensaba yo- me convertirían en el rey del mundo, o en el secreto mejor guardado de la literatura.
La caligrafía isabelina plasmada en cada rollo de papel, hinchaba mi cuerpo con la fuerza de cien toros robustos, y palabras, frases, relatos y ensayos iban dándole brillo a todos los inmaculados rincones de ese cuarto.
Escribía con un placer orgásmico. La punta de la pluma llegaba a echar llamas al momento de pasar frente a las hojas y hojas que a cada momento salían de mi mano. Como expresé anteriormente; estilo y corrección impecables, palabras precisas. Sensaciones traspasadas al papel con una asertividad impresionante para un ser tan básico como yo.
Cuando ya estaba en la cumbre de mi labor, la pluma saltó sobre el papel. Como una ameba hambrienta de sangre y carne fresca, la tinta roja de ésta, tomando el lugar de una mancha sin forma, iba devorando los papeles, mis palabras y el cuarto. El blanco inmaculado dio origen a un rojo encendido de rabia, que a cada momento fundía traje, papel, lápiz y textos recién hechos.
Intenté acercarme a la mancha en el papel y un intenso ardor se apoderó de mis extremidades. Grande fue mi horror al percatarme que mis dedos poco a poco se iban separando de las manos para formar un amasijo espantoso con la tinta, que con el correr de las horas y en una perfecta y dolorosa comunión con mi arruinado cuerpo, iban transformando a aquel blanquecino cuarto en un estanque de aquel líquido corrosivo emanado de la pluma, que como una planta carnívora, iba arrasándolo todo.
Lo último que recuerdo, -antes de despertarme consumido por el pavor y la tensión de aquellas horas terribles- es haberme estado elevando, en compañía de demonios alados sin forma ni conversación que a puntapiés marcaban el camino oscuro hacia la redención…

Ayiguna

Pese a las advertencias, seguí manejando por aquella ruta prohibida. Ambos lados del camino semejaban una tierra arrasada por un viento lúgubre y siniestro. Los árboles tronaban por un viento que aullaba como un lobo pequeño gimiendo de dolor. Millones de pequeñas hojas eran azotadas por corrientes de aire que parecían encender aun más el enrarecido ambiente.
Cuestas y cuestas me acompañaban por mí peregrinar, mientras mi mujer a cada momento, agarraba cada vez con mayor fuerza un pañuelo blanco entre sus también pálidos dedos. Intermitentemente la luna se escondía entre jirones de nubes que a cada momento cubrían determinados pedazos de cielo. El viejo Dodge del 65 parecía a cada instante avanzar directo al matadero, mientras sus grandes llantas, sus faros neblineros y demás artilugios de seguridad parecían no servir de nada, en medio de la cerrazón de la noche.
Antiguas leyendas de las montañas del norte de Canadá tienen reservado un nombre -Ayiguna- para aquellas jornadas de misterio que son vedadas para los nativos. Aquellos mismos relatos anunciaban la presencia de un monstruo gigantesco, que iba engullendo por los caminos a los incautos que se atrevían a merodear por los senderos de la zona. La población indígena describía pozos negros –anfitriones de la oscuridad- que mediante luces semejantes a fuegos de artificio, invitaban a aquellos infieles a poner un pie, para no volver jamás por sus antiguos pasos.
Creo que nunca podré establecer porque tomé la determinación de seguir esa noche. Tanto en la posada, como oficiales de la Real Policía Montada, nos advirtieron majaderamente que pasaramos la noche en el pueblo y retomar la senda a la jornada siguiente.
Sin hacer caso –hablo por mí y no por Margareth quien pese a seguirme en mi aventura se encontraba aterrada por la crudeza de los relatos- me subí resuelto al coche y partí con decisión a conquistar aquellas montañas. Sin percatarme me vi envuelto en aquel horrible páramo, sin salida para ninguna de las direcciones expuestas en los mapas. Poco a poco la situación iba haciéndose aun mas engorrosa, hasta que, un poco antes de alcanzar la cumbre la cuesta Dunhill, que divide Alberta con las tierras de la British Columbia, un juego de luces de todos colores me encandiló. Como pequeñas abejas equipadas con linternas, unos finos haces luminosos, hipnotizaban con su danza y con sus juegos nuestros sentidos, hasta el punto de perder toda noción de tiempo y espacio existente en la zona. Como un proceso que no iba a terminar nunca, dichos juegos luminosos dieron paso a una luz muy potente, un fulgor casi atómico, que hizo que nuestras miradas se extinguieran, para dar -casi enseguida- paso a una oscuridad total, un mundo húmedo y caluroso, sin árboles ni vida en kilómetros a la redonda.
El asfalto había dado paso a la piedra rudimentaria, mientras que los bosques se transformaban en una masa informe de malezas, lianas y helechos. O al menos eso era lo que se podía distinguir entre la oscuridad.
Avanzamos con cautela por el pedregoso camino, contemplando a cada vuela de rueda aquel paraje envolvente, donde el sonido de alimañas extrañas poco a poco nos iba carcomiendo nuestra sensibilidad.
Ya vencidos por no saber donde estábamos y el cansancio por encontrar una salida lógica a nuestra situación, nos echamos a dormir en el asiento trasero del Dodge. Grande fue nuestra sorpresa al encontrarnos a la mañana siguiente con oficiales de las diversas guarniciones de policía de la zona; todos con vistosos membretes de la Provincia de Misiones y aun más grandes de la República Argentina.
Aun pasmados, a un paso de volvernos locos y sin saber ni una pizca del idioma de aquellas regiones, pudimos comunicarnos con los lugareños, quienes, espantados por nuestro fantástico relato nos encerraron en esta oscura prisión, lugar del cual declaro estos hechos, antes de ser deportado por demencia a América del Norte.

Thursday, May 12, 2005

Santiago el siglo XXI; Un ciego guiando a los ciegos...

Esta tarde, mientras esperaba que el semáforo diera la luz verde para poder cruzar en la esquina de Morandé con Alameda, fui testigo de un espectáculo dantesco. Y les voy a explicar porque.

Una de las imágenes más impresionantes de Santiago y que a mi modesto juicio es parte de la tradición republicana de Chile, es aquella en la que aparece por un lado la Iglesia de San Francisco, teniendo como telón de fondo la Cordillera de los Andes, en perfecta conjunción con el puro chile es tu cielo azulado. Casi una pérgola de las flores (que antiguamente estaba ubicada frente a la fachada del edificio religioso dedicado a Pancho el Santo). La imagen anteriormente descrita debe haber sido una de las imágenes más reconocidas de Santiago, tanto por la belleza del templo dedicado a San Francisco, como por la conjunción de este con el valle capitalino.

Sin embargo hoy todo cambió. Pese a que el templo estaba ahí, también lo estaba el cielo y muy probablemente la cordillera, la característica torre mayor de la iglesia reposaba sobre un fondo blanco de concreto, la pared poniente de un gran edificio recién levantado en la esquina ocupada por el antiguo cine Santa Lucía. En fin, como diría Juan Becerra, una perfecta brutalidad.
Construcciones de concreto armado, con nuevas líneas, con paredes y departamentos dignos de un catálogo de Falabella, irrumpieron en el corazón del Santiago del siglo XX, para que –al igual que el desarrollo inmobiliario de las zonas mas importantes de edificación de esta gran ciudad- se fuera todo transformando en un vil lucro. Una real y verdadera lastima. Al captar la imagen y el encuadre por mis cuencas, me di cuenta que lo único que deseaba en ese momento era ser alguien parecido a Godzilla, para poder acabar con todos esos esperpentos arquitectónicos que mas que ser feos, enanos y funcionales a ultranza, revelan la pequeñez mental de sus creadores, la poca falta de visión y el desapego a una ciudad con una historia entretenida, elegante y la mayor parte del tiempo funcional a la calidad de vida para con sus habitantes. El vil dinero. Conchas de su madre!!!!!!!!!!